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Monday, January 02, 2023

ELEGÍA DEL AÑO NUEVO (1/01/2021+2/01/2023; "Sus ojos, habiendo sufrido todo sufrimiento, estaban claros")

ELEGÍA DEL AÑO NUEVO (1/01/2021)

 

 

 

1.

Para estar en casa sobre su suelo natal

La mente debe descender por debajo de su horizonte,

Descender por debajo de la luz

Sobre la colina y el alto y el fondo del valle

Para recibir las vidas de los muertos. Debe despertar

En su sueño, quien despierta en sus ensoñaciones.

 

“¿Quién está aquí?” Sobre el camino de roca

Entre el arroyo y los bosques en el otoño del año.

Permanecí y escuché. Oí los gritos

De pequeños pájaros altos en el viento.

Y entonces el sonido de antiguos pasos

Me rodeó, y mi visión cambió.

 

Pasé a través de las lentes de la oscuridad

Como a través de un surco, y los muertos

Buscaron para encontrarme. Me conocían,

Pero miraban maravillados a las líneas en mi cara

Los cabellos blancos esparcidos sobre mi cabeza.

 

Vi un viejo, alto inclinado

Sobre un callado, su mano abierta

Alzada con alguna orden fiera,

Conocimiento de largo trabajo en sus ojos;

Otro con apariencia más grata,

Sonriendo bajo el ala de un sombrero sudado

Dándome la bienvenida como antes.

 

Vi una vieja mujer, una ahorradora

De pequeñas cosas, cuya pena solitaria

Fue lo primero que conocí, inclinada

Con edad y dolor, cuyas manos ocupadas

Trabajaron una entrega de amor.

 

Estos fueron mis maestros. Y había más

Amados por su rostro y nombre, quienes usaron

La sustancia de nuestro suelo común

Sus ojos, habiendo sufrido todo sufrimiento, estaban claros.

 

 

            2.

Vi uno aparte, solo,

Cansancio en sus hombros, sus ojos

desconcertados todavía con la novedad

De su muerte. En mi dolor sentí,

Como muchas veces antes, gratitud

Al verle. “Owen”, dije.

 

Se volvió, alzo, movió su mano

Le alcancé un puñado de tierra

Recogido de un cierto campo bien conocido.

El la presionó en su palma y habló:

“Wendell, este no es un lugar

Para ti y para mí”. Y entonces sonrió:

Reconocimos su terquedad

Era su principio dudar

De cualquier atisbo de satisfacción.

 

“El grano está en el granero”, dije yo,

“la helada matutina ha llegado a los campos,

Y he vuelto para aceptar,

Si puedo, lo que ninguno de nosotros pudo prevenir”

 

El permaneció, recordando, sopesando el coste

De la división a la que habíamos llegado,

Sus dedos descansando en la tierra

Que sostenía ligeramente amontonada en su palma.

Me pareció que se desprendía

De su propia confusión, y asumía

Por una última vez, en una última amabilidad,

La obligación del hombre más viejo.

 

Meneó su cabeza. “El deseo que tuve

En la mañana y en primavera,

Nunca lo gasté. Tendría

El deseo, si hubiera tenido la fuerza.

Pero escucha- lo que preparamos

Tener, lo tenemos.”

 

Alzó sus ojos

“Mira”, dijo

 

            3.

Estamos en un alto,

Los bosques sobre nosotros y debajo

Sobre una pendiente a medio segar nos vimos

Como fuimos una vez: un hombre joven segando,

Un niño buscando con un hacha.

 

 

Era un antiguo campo abandonado,

Hace tiempo poblado con brezos y tocones,

Lo limpiamos en el vapor caluroso

De la mitad de aquel verano: el, orgulloso

De la inteligencia del terreno aclarado,

Y yo, orgulloso en su alabanza.

 

“Yo quiero”, dije, “que nosotros podamos volver

A este buen tiempo de nuevo”

“Nosotros estamos de vuelta allí, hoy

Y siempre. ¿En dónde estaríamos si no?”

Sonrió, me miró y supe

Que me condujo a través de mi mente.

Habló de alguna infinitud

De pensamiento.

 

 

Me llevó a otra

Colina más allá de otros bosques,

Iluminada solo por las estrellas. Más viejos

Ahora, el hombre y el niño tumbados

Sobre sus espaldas en la profunda hierba, tranquilamente

Hablando. En la distancia se movía

El latido de un sabueso con voz profunda.

 

Otras voces se unieron a aquella:

Otro lugar, un tiempo posterior,

Un fuego de caza entre los árboles,

Caras vueltas a la llama, risa

Y después silencio, mientras en la oscuridad

A nuestro alrededor yacían largos alientos de sueño.

 

            4.

Y entonces, uno por uno, me llevó

A través de todos los campos de nuestras vidas,

Preparativos, plantaciones, cosechas,

Cuadrillas bromeando en el final de las hileras,

El recipiente con el agua pasando como un beso.

 

Habló de nuestra historia pasando a través nuestro,

La forma en que las generaciones de nuestras familias

Se cruzaban, la gran enseñanza

Viniendo por obra de la compañía:

Caracteres de campos y tiempos y hombres,

Cualidades de devoción y de trabajo-

Fascinaciones sin fin, pasiones

Antiguas como la mente, nuevas como la luz.

 

Todos nuestros años alrededor, cercanos,

Lo vi furioso y exigente,

Como la mayoría de los hombres, y vi la virtud

Que le hizo distinto de la mayoría.

Fue su pasión de atender

A la condición del Otoño-

De vivir por el sudor de su rostro, de comer

Su pan, seguro de que su coste se había pagado.

 

            5.

Llegamos entonces a este tiempo de pena,

Cuando la luz temprana de la mañana mostró,

como siempre, el mundo dulce, y todo

Lo que hábiles y bien intencionados hombres

Eran capaces por la noche, y su fuerza fracasando

Antes de la luz. Su cuerpo comenzó

Demasiado pronto su viaje hacia la tierra,

Lleno de gravedad, y aun así su mente

Mantuvo su vieja vía.

 

De nuevo, en el sol,

de su última cosecha, le oí decir:

“¿Quieres hacer tú esta fila,

Y dejarme hacerte sitio a ti?

Vi el mundo delante de él

Por primera vez, y lo vi

Como él ya lo había visto,

Sin él. Fue una visión

Que no podría tener sin llorar.

Me alcanzó y me habría tocado

Con sus manos, aunque no pudiera.

 

            6.

Finalmente, me llevó a una colina

Sobre los campos que una vez

Le pertenecieron, a los que una vez

Perteneció. “Mira”, dijo de nuevo

Supe que quería que viera

Los años de cuidado que aquel lugar tuvo,

Porque su historia depositó sobre él un florecimiento

Una bendición

 

El tiempo y el lugar tan próximos,

Nosotros éramos casi los hombres que contemplábamos.

El final del verano cantó en la luz

Hablamos de la muerte y la obligación

De la brevedad de las cosas y los hombres.

Las palabras nunca se movieron tan pesadas

Entre nosotros, o nos costaron más. Callados

Y aquel hombre que tenía la muerte

En él, y lo sabía, tranquilamente dijo:

“Bien. Es un mundo fascinante,

Después de todo”.

 

Su vida tan poderosamente

Estuvo allí en presencia de su lugar

Y trabajo y tiempo, que yo no podía

Comprender sino con pesar

Que solo su espíritu hablaba ahora conmigo.

 

En la misma hora que murió, le dije,

Antes de conocer su muerte, el pensamiento

De los años por venir que me había llegado

Como una llamada. Pensé en la curación,

Salud, amistad continuada,

Reunión de generaciones, nuestros buenos tiempos

Alcanzando el mejor de todos.

 

            7.

Mi mente se sobrecargó con cuestiones

Que no podía proferir. Me pareció

Que habíamos regresado ahora al oscuro

Valle donde nuestra jornada comenzó

Pero una inteligencia brillante

Estaba en su cara. La visión interior le movía

Como una vez le movió la luz del día.

 

Los mejores maestros enseñan más

De lo que saben. Por sus muertes

Enseñan más. Nos conducen más allá

De lo que sabemos, y de lo que supieron.

Así mi maestro. Mi viejo amigo

Permaneció sonriendo delante de mí, plenamente

Movido por lo que le había movido en parte

En el mundo.

 

De nuevo la compañía de los muertos

Nos rodeó, como en una danza.

Y fui consciente ahora de los no nacidos

Moviéndose entre ellos. Cuando se volvían

Pude ver sus cuerpos venir a la luz

Y desaparecer de nuevo en la multitud oscura.

Se movían hacia una distante o suspendida

Canción que intentaba pero no podía oír.

 

“Nuestro camino no tiene fin”, dijo mi maestro

“El Creador está dividido en la Creación

Por las alegrías del reconocimiento. Nosotros conocimos

Aquel Espíritu en cada uno una vez;

Nos trae aquí. Por sus divisiones

Y regresos, el mundo vive

Ambas la mente y la tierra están hechas

de lo que su luz da y usa.

Así contiene alegría, sobrevive a su coste.

La muerte abraza, como el dolor sabe.

Somos lo que hemos perdido.”

 

Hay una canción en la Creación

Ha sido siempre el regalo

De cualquier voz dotada, aunque nadie

La cantó. Cuando él habló

Yo oí aquella voz. En sus cambios y retornos

Su vida estaba pasando a la vida.

En aquel instante, tierra y canción y mente,

Los vivos y los muertos se unieron.

 

            8.

 

Al fin, completo en su descanso,

Como uno que ha trabajado y se ha bañado, alimentado

Amado y dormido, dejó caer

Aquella amada tierra que yo le había traído.

Alzó su mano y me devolvió a mi camino.

Y yo, heredero de lo que perdí,

Volví de regreso a la luz del día.

WB (from The Wheel, 1982)

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