Sunday, April 21, 2013

LA VIDA ENTERRADA (I) (THE BURIED LIFE)


 
Pero a menudo en las más mundanas y concurridas calles.

Pero a menudo en el ruido de la lucha,

Se levanta un deseo inexpresable

Surgido del conocimiento de nuestra vida enterrada.

El deseo de emplear nuestro fuego y fuerza sin desmayo

En descubrir nuestro verdadero camino original

La inclinación a interrogar

Al misterio de este corazón que late

Tan salvaje, tan profundo, en nosotros, para saber

De dónde vienen nuestras vidas y a dónde van.

Y muchos hombres en su propio pecho entonces excavan

Pero ay ninguno lo bastante profundo perfora.

Y hemos estado sobre muchos miles de surcos,

Y hemos mostrado sobre cada uno espíritu y poder.

Pero a duras penas hemos, por tan solo una hora,

Estado sobre nuestro propio surco, hemos sido nosotros mismos.

A duras penas tuvimos talento para pronunciar uno de todos

Los sentimientos sin nombre que cruzaron nuestro pecho,

Sino que cruzaron inexpresados para siempre.

Y continuamente tratamos en vano de hablar y actuar

Nuestro yo escondido, y lo que decimos y hacemos

Es elocuente, es bueno, ¡pero no es verdad!.

Y entonces nuca más seremos expoliados

Con el esfuerzo interior y la demanda

De todas las naderías de la hora,

Con su poder estupidificante.

Ah sí, y ellas paralizan nuestra llamada.

Aún así, de vez en cuando, vagos y preteridos,

Surgidos de la subterránea profundidad del alma,

Como de una tierra infinitamente distante

Vienen aires, y ecos flotantes, y traen

Melancolía a todo nuestro día.

 

Solamente –pero esto es raro-

Cuando una mano amada estrecha la nuestra,

Cuando cansados con la velocidad y destello

De las horas interminables,

Nuestros ojos pueden ver claro en otros ojos,

Cuando nuestro sordo oído mundano

Es acariciado por los tonos de una voz amada,

Un relámpago se descarga de nuevo en algún lugar de nuestro pecho

Y un pulso perdido del sentimiento vuelve.

El ojo mira hacia dentro, y el corazón descansa llano,

Y lo que significamos lo decimos y lo que querríamos lo sabemos.

Un hombre toma conciencia del flujo de su vida

Y oye su murmullo ondulante, y ve

Los sotos donde brilla el sol, la brisa.

 

Y allí llega un receso en la urgente carrera

Donde él siempre persiste

Aquella sombra fugaz y elusiva, el descanso.

Un aire fresco acaricia su cara,

Y una calma no deseada  se filtra en su pecho.

Y entonces él piensa que conoce

Las colinas donde su vida alumbró

Y el mar a dónde camina.

 

Matthew Arnold (The Buried Life, fragmento)

 

(traducción Guillermo Ruiz)
 
 
El que oye las ondas de los ríos no desesperará en absoluto por nada
 
HDT
 
Diario 12 de Diciembre de 1841
 
 

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