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Wednesday, November 06, 2024

DINERO VERSUS BIENES (MONEY VERSUS GOODS, WENDELL BERRY (V), THE AMISH AND DONALD TRUMP (5-11-2024))

 


 

DINERO VERSUS BIENES (MONEY VERSUS GOODS, WENDELL BERRY (V), THE AMISH)

 

Nuestra economía en el aire se ha transformado en una caída mortal, y nos disponemos a traerla debajo. El problema es que todos estamos bajo ella, y así tenemos que traerla debajo con el menor sufrimiento posible para nuestra tierra y nuestra gente. No sé cómo puede hacerse, y me inclino a pensar que nadie lo sabe. No puedes confiadamente traer algo abajo si no supiste qué hacías cuando lo elevaste.

(WB)

And so: Might it not be that the displaced persons were needed by their families and their neighbors, not only for their economic assistance to the home place and household, but for their love and understanding, for their help and comfort in times of trouble? Of the Americans known to me, only the Amish have dealt with such questions openly and conscientiously as families, neighbors, and communities. The Ainish are Amish by choice. There is no requirement either to subscribe to the religion or to stay in the community. The Amish have their losses and their failures, as one would expect. At present some of their communities have become involved in the failure of the larger economy. But their families and communities nevertheless are held together by principle and by the deliberate rejection of economic and technological innovations that threaten them. With the Amish—as once with the rest of us—a family member or a neighbor is by definition needed, and is needed not according to any standard of usefulness or any ratio of cost and price, but according to the absolute standards of kindness, mutuality, and affection. Unlike the rest of us, the Amish have remembered that the best, most dependable, most kind safety net or social security or insurance is a coherent, neighborly, economically sound, local community.

Sunday, July 10, 2022

DINERO VERSUS BIENES ("MONEY VERSUS GOODS", BERRY (IV))

 


Pero el gasto no es una virtud económica. La miserabilidad tampoco lo es. El ahorro sí. La falta de despilfarro también. Estimular el gasto sin consideración a lo que se compra puede ayudar a la financiación, pero es anti-económico. La financiación, como opuesta a la economía, está siempre dispuesta y ansiosa para confundir deseos y necesidades. Desde un punto de vista financiero, es bueno, incluso patriótico comprar un coche nuevo tanto si lo necesitas como si no. Desde un punto de vista económico, sin embargo, es equivocado comprar cualquier cosa que no necesites. Es antipatriótico también: si amas tu país, no quieres sobrecargarlo con deseos frívolos. Solamente en un sistema financiero, una anti-economía, puede parecer que tenga sentido hablar acerca de “lo que la economía necesita”. En una economía auténtica, preguntarnos por lo que la tierra y le gente necesitan. La gente necesita empleos, obviamente. Pero necesitan empleos al servicio de las comunidades naturales y humanas, no empleos “creados” arbitrariamente que sirvan solamente a la economía.

Desde un punto de vista económico, una sociedad en la que cada escolar “necesita” un ordenador, y cada mayor de 16 años “necesita” un coche, y cada mayor de 18 años “necesita” ir a la universidad está ya falseada y en su camino a la bancarrota.

En una así llamada economía que depende del gasto indiscriminado, la “creación de empleo” a menudo conlleva la habilidad de “crear” nuevas “necesidades”. Últimamente está economía ha sido capaz de crear empleo creando necesidades. Pero ello ha envuelto mucha confusión y un tipo de fraude, porque no da ninguna prioridad a la satisfacción de las necesidades, y no puede distinguir las necesidades de los meros deseos. Nuestra economía, habiendo confundido las necesidades con las mercancías o productos comercializables, deliberadamente reduce el servicio de proporcionar los bienes necesarios a la “venta” o “comercialización” de productos, algunos de los cuales nunca han sido ni serán necesarios para nadie. La gula económica del público se convierte en un recurso económico.

La categoría de cosas vendidas que no son necesarias incluye ahora, incluso, alimentos y fármacos legamente comercializados. Ello requiere el arte (aprendido y enseñado en universidades) de mentir acerca de los productos. Un amigo recuerda a un profesor que dijo que la publicidad es “la manufactura del descontento”. Y así hemos venido a vivir en un mundo en el que cada marca de un analgésico es mejor que cualquier otra, en el que tenemos una “economía de servicios” que no sirve y una “economía de la información” que no distingue lo bueno de lo malo o lo verdadero de lo falso.

El sector productivo de un sistema financiero, que no distingue o puede distinguir entre necesidades y deseos inducidos, llegará sin quererlo a servir los deseos y no las necesidades. Así ha sucedido con nosotros. Si en algún estado de emergencia nuestros fabricantes fueran repentinamente llamados a suministrarnos ciertas necesidades- zapatos, por ejemplo-estaríamos perdidos. “Externalizar” la producción de frivolidades es al menos parcialmente frívolo, externalizar la producción de necesidades es enteramente una locura.

Por lo que se refiere a la economías de la tierra, los economistas académicos y políticos parecen ignorarlas por completo. Durante años, he leído artículos sobre la economía, esperando en vano al autor que tuviera en cuenta la agricultura, la ganadería o la silvicultura. La asunción del experto parece ser que los productos del suelo no son incluidos en la economía hasta después de haber sido tomados al menor coste posible de aquellos que llevaron a cabo el trabajo de su producción, en cuyo momento entran en la economía como materias primas para las industrias de la alimentación, textil, madera y últimamente carburantes. El resultado es inevitable: el sistema industrial no toma ninguna responsabilidad, está desconectado de, y no concernido por, sus recursos naturales y humanos. El resultado ulterior es que estos recursos no son mantenidos sino meramente usados y entonces se convierten en no renovables como los carburantes fósiles.

Por lo que se refiere a la naturaleza, virtualmente nadie- ni el “ecologista” ni muchos menos el economista- considera la naturaleza un recurso económico. La naturaleza, especialmente cuando se ha preocupado de ser espectacular, se entiende que tiene un valor recreativo y estético que es en alguna medida económico. Pero para satisfacer nuestras necesidades de comer, beber, respirar y ser vestidos y alojados, nuestros sistemas industriales y financiero no le conceden ningún reconocimiento, honor o cuidado.

Lejos de asignar un valor absoluto a estas cosas que necesitamos absolutamente, el sistema financiero pone un precio, aunque altamente variable, a cada cosa. Sabemos por experiencia que cada cosa que tiene un precio será antes o después vendida. Y por la acumulación de estadísticas sobre pérdida del suelo, pérdida de tierra, desforestación, sobre explotación del agua, diversidad de contaminaciones, etc, tenemos razones para esperar que cada cosa que sea vendida será arruinada. Cuando todo tiene un precio, y el precio se hace variable sin fin en una economía sin una relación estable con las necesidades o bienes reales, entonces cada cosa es desconectada de la historia, del conocimiento, del respeto, y del afecto- de cualquier cosa que pudiera preservarla- y así resulta implícitamente elegida para ser arruinada.

Los que no has agrada llamar nuestra economía no reconoce ni percibe su absoluta y continua dependencia del mundo natural, de las economías de la tierra, y del trabajo de agricultores, ganaderos y silvicultores- todos los cuales, dada la utilización del conocimiento y precauciones disponibles, serían autorenovables. Al mismo tiempo, con una destacable falta de anticipación o con la falta de visión de lo que ya es actualmente obvio, esta economía se ha hecho absolutamente dependiente de recursos que son por naturaleza no renovables o que se han convertido en no renovables por nuestro despilfarro y nuestra renuncia a cuidarlos y reutilizarlos: carburantes fósiles, metales y otros recursos minerales. Con arreglo a estándares que son completamente absurdos, se ha considerado “demasiado caro” recuperar materiales perfectamente utilizables de viejos edificios, que derribamos o volamos y dispersamos en vertederos, y así convertimos incluso ladrillos y piedras en irrecuperables y sin valor. Debido a una energía y materiales falsamente baratos, tenemos una “burbuja” de casas demasiado grandes para ser calentadas de forma eficiente o barata, o incluso para ser adquiridas.

Usar la tierra agrícola para la producción de “biofuel”, como algunos hacen, suscita inmediatamente la cuestión de si puede ser correcto alguna vez reemplazar la producción de comida cono la producción de carburante. Si este carburante es producido, como la mayoría de nuestra comida en la actualidad, sin el cuidado atento y tierno que la tierra requiere, entonces la tierra se convierte en un recurso no renovable. El biofuel puede ser un producto de la tierra y nuestra tecnología transformadora del mundo, pero es a la vez un producto de la ignorancia y el descuido moral.

Como mercancías, los carburantes fósiles están en una categoría única. A diferencia de otros minerales que (en una economía sensible) pueden reutilizarse, y a diferencia del poder hidroeléctrico que usa el agua y la libera para ser reutilizada, los carburantes fósiles son útiles solo por su destrucción. Son útiles y valiosos solo en el instante en que son quemados.

Para resultar disponibles para su utilidad inmediata, estos carburantes deben ser extraídos o bombeados del suelo. Su extracción ha dañado casi siempre, a menudo de forma irreparable, los lugares y las comunidades humanas de los que se extraen. Para que el carbón alimente los fuegos por los que vivimos, paisajes enteros son destruidos, los bosques y sus suelos y animales son destruidos, las corrientes de agua enterradas, los acuíferos degradados y contaminados, los residuos tóxicos abandonados, las comunidades son degradadas e inundadas por residuos tóxicos o vertidos de acuíferos alterados, la gente es explotada y puesta en peligro, sus casas dañadas, su agua potable contaminada, sus quejas y necesidades son ignoradas. Cuando los carburantes fósiles, extraídos con tal coste para la gente y la naturaleza, son quemados, ellos contaminan la atmósfera mundial, con consecuencias que son temibles, infamantes y duraderas.

En una economía conscientemente responsable, tales abusos serían inconcebibles. No podrían suceder. Dañar o destruir un recurso permanente  por una ventaja temporal sería rápidamente percibido como sin sentido con arreglo a cualquier medida práctica y, por la medida de la integridad humana, como insano. Valorar los deseos humanos por encima de todos los recursos naturales y humanos que satisfacen las necesidades humanas, como la ahora economía fracasada ha hecho, es asumir riesgos y desafiar paradojas por las cuales estuvo y está abocada al fracaso. Si perseguimos “crecimiento” sin límites ahora, imponemos límites incluso más estrechos al futuro. Si ponemos el gasto primero, ponemos la solvencia en último lugar. Si ponemos el consumo lo primero, ponemos la salud lo último. Si ponemos el dinero lo primero, ponemos la comida lo último. Si por alguna razón falsa tal como el “crecimiento económico” o la “recuperación económica”, ponemos a la gente y a su confort primero, delante de la naturaleza y las economías de la tierra,  entonces la naturaleza antes o después pondrá a la gente en el último lugar.

Pero los carburantes fósiles, que implican destrucción a cambio de producción y de nuevo destrucción como consecuencia de la producción, no son los únicos productos típicos de nuestra anti-economía. También son típicos los productos que sustituyen, a un alto coste, bienes que una vez fueron baratos o gratuitos. El genio de marketing y la venta nos ha dado, por ejemplo, el agua embotellada, por la que pagamos más que por la gasolina, por nuestro miedo perfectamente racional a que nuestra agua no embotellada esté contaminada. El sistema de la industria financiera y el “marketing” hace caja de sus propios vicios y de la ignorancia y gula de un público supuestamente educado. Por la influencia de los vendedores, los ciudadanos y miembros son transformados en ignorantes tomadores. Y así tenemos una economía que no es solo dependiente del fuego y del consumo sino también dependiente de sus ignorantes tomadores.

Para otro ejemplo, consideremos la economía del entretenimiento monetizado. La especie humana, que aparentemente ha sobrevivido al nombre Homo sapiens, tiene 200.000 años de antigüedad. Excepto por los últimos 75 años de su vida más o menos, y con la excepción de sus clases rectoras decadentes, la mayoría de los humanos se ha entretenido a sí mismos recordando y contando historias, cantando, bailando, jugando juegos, e incluso por su trabajo de proveerse de cosas necesarias y bellas, que habitualmente fueron las mismas cosas. Todo el entretenimiento venía libre de cargos, como una especie de sobreabundancia de la naturaleza humana, la cultura local y la vida diaria. Incluso la belleza del buen trabajo y de las cosas bien hechas fue un valor añadido sin cargo adicional. La industria del entretenimiento se ha aplicado sobre esta gran libertad para proporcionar a un alto coste, en dinero pero también en salud y sanidad, un colectivo egregio y sobreremunerado de entretenedores y atletas que cuentan o ejecutan historias cantan, bailan y juegan juegos para nosotros o nos los venden para que consumamos pasivamente sus producciones a menudo degradantes. Lo equivocado aquí puede estar en la raíz de una redundancia inane y costosa. ¿Si tú puedes leer y tener más imaginación que una aldaba, qué necesidad puedes tener de la “película” de una novela?

Esta economía extraña produce, típicamente y en el curso ordinario de sus negocios, productos que son destructivos o fraudulentos o innecesarios o inútiles, o la cuatro cosas a la vez. Otra de sus empresas típicas es destacable por la producción de lo que supongo deberíamos llamar un no-producto, o no-producto sino dinero (en la medida en que esto funcione).El ejemplo más conocido o infamante de una industria financiera sin producto es la práctica de la usura, es decir el préstamo de dinero a un interés exorbitante  o (como algunos han dicho) a cualquier interés. En nuestra tradición cultural, como opuesta a los precedentes financieros, la condena de la usura parece unánime.

WB (traducción Guillermo Ruiz)

Sunday, July 03, 2022

DINERO VERSUS BIENES ("MONEY VERSUS GOODS", WENDELL BERRY (III))

 

Mi punto de vista económico parte del nivel del suelo. Es un punto de vista descrito a veces como “agrario”. Ello quiere decir que en la ordenación de la economía de una nación o comunidad o familia, yo pongo a la naturaleza primero, las economías del uso del suelo después, la economía de la producción después y la economía del consumidor a continuación. La base de tal economía sería amplia, las capas sucesivas estrechándose en el orden de su importancia decreciente.

La primera ley de tal economía sería la que el agriculturalista Sir Albert Howard llamó “la ley del retorno”. Esta ley exige que lo que se toma de la naturaleza sea devuelto a ella: el ciclo de fertilidad debe ser mantenido en rotación continua. El valor primario en esta economía sería la capacidad de los sistemas naturales y culturales de renovarse a sí mismos. Una economía auténtica de basaría en recursos renovables: tierra, agua, salud ecológica. Estos recursos, si deben permanecer renovándose en su uso humanos, dependerán de recursos culturales que también deben renovarse: memoria local adecuada, contabilidad verdadera, mantenimiento continuo, ausencia de despilfarro, y una distribución democrática de las actualmente escasas habilidades prácticas. Las virtudes económicas serán entonces honestidad, ahorro, cuidado, buen trabajo, generosidad e (puesto que se trata de una economía humana y no mecánica) imaginación, de la cual obtenemos compasión. Aquel valor primario y estas virtudes son esenciales para lo que hemos estado denominando “sostenibilidad”.

Una economía propiamente ordenada, poniendo la naturaleza primero y el consumo después, comenzaría con la subsistencia o economía familiar y procedería desde allí a la economía de los mercados. Será el medio por el que la gente se proporcionaría a sí misma y a los demás las cosas necesarias para el soporte de la vida; bienes procedentes de la naturaleza y el trabajo humano. Distinguiría entre necesidades y meros deseos, y otorgaría una firme prioridad a las necesidades.

Una economía propia, sobre todo, designaría ciertas cosa como sin precio. Ello no sería, como ahora, la falta de precio de cosas que son extremadamente raras o caras, sino que se referiría a las cosas de valor absoluto, más allá y por encima del precio que pudiera fijar cualquier mercado. Las cosas de valor absoluto serían la tierra fértil, el agua y el aire limpio, la salud ecológica y la capacidad de la naturaleza de renovarse a sí misma en los paisajes económicos. Nuestro precedente cultural más próximo para la asignación de valor absoluto es bíblico, como en el Salmo 24 ( “La tierra es del Señor, y la riqueza de ella…”) y Levítico 25:23 (”La Tierra no será vendida para siempre…”).Pero hay precedentes en todas las sociedades y tradiciones que han entendido la tierra y el mundo como sagrados- o, hablando prácticamente, como poseyendo un valor suprahumano. La regla de ausencia de precio impone claramente ciertos límites a la idea de propiedad de la tierra. Los propietarios disfrutan de ciertos privilegios tradicionales, necesariamente, en la medida en que la tierra se entrega a su inteligencia y responsabilidad. Pero ellos deben usar la tierra cono servidores suyos y en beneficio de lo viviente.

La presente y fracasada economía actual es justo lo contrario de esta economía, Sobre un período muy largo, y por medio de un conjunto de prevaricaciones manidas, nuestra economía se he convertido en una anti-economía, un sistema financiero sin base económica real y sin virtudes económicas.

Ha invertido el orden económico que pone a la naturaleza primero. Esta economía está basada en el consumo, que finalmente sirve no a los consumidores ordinarios, sino a una pequeña clase de gente extremadamente rica para cuyo enriquecimiento adicional ellos consideran que existe la economía. Para el propósito de su enriquecimiento progresivo, estos plutócratas y grandes corporaciones que les sirven han controlado la economía comprando el poder político. Los gobiernos comprados no actúan en interés de los gobernados y su país; en su lugar actúan como agentes de las corporaciones.

Que esta economía está, o estuvo, basada en el consumo se revela por los remedios que se proponen ahora para su fracaso: estimular, gastar, crear empleos. Lo que hay que estimular es el gasto. El gobierno inyecta en la economía fracasada dinero para ser consumido, o para ser prestado para el gasto. Si la gente tiene dinero que gastar y deseo de hacerlo, se incrementará la demanda de productos, creando empleos; la industria cubrirá la demanda con más productos, que serán comprados, incrementado el dinero en circulación; la mayor cantidad de dinero incrementará el gasto, que incrementará la producción- y así hasta que la vieja y fantástica economía del crecimiento ilimitado se haya “recuperado”.

 WB (traducción Guillermo Ruiz)

DINERO VERSUS BIENES (HOLANDA (II))

ENERGY AND FOOD CAN NOT STAY CHEAP FOREVER DELLUSION AND THE FUTURE CANNOT SERVE FOREVER AS COLLATERAL I DO KNOW THAT THE HUMAN ECONOMY AS A WHOLE DEPENDS, AS IT ALWAYS HAS, ON NATURE AND THE LAND ECONOMY El engaño y el futuro no pueden ser garantías colaterales para siempre Sé que la economía humana como un todo depende, como siempre, de la naturaleza y de la economía de la tierra

DINERO VERSUS BIENES ("MONEY VERSUS GOODS", WENDELL BERRY (I))

DINERO VERSUS BIENES FUE PUBLICADO POR WENDELL BERRY EN DOS PARTES EN THE PROGRESSIVE: "INVERTING THE ECONOMIC ORDER" (SEPTEMBER 2009) AND "THE COST OF DISPLACEMENT" (DECEMBER 2009/JANUARY 2010)

THIS VERSION DRAWS ON "ESSAYS 1993-2017" 

(RESULTA IMPOSIBLE LEER A BERRY Y NO RELACIONAR SU ANÁLISIS CON, ENTRE OTRAS, LAS ACTUALES PROTESTAS DE LOS AGRICULTORES HOLANDESES Y LOS PRECIOS DE LA ALIMENTACIÓN:

Nuestra economía en el aire se ha transformado en una caída mortal, y nos disponemos a traerla debajo. El problema es que todos estamos bajo ella, y así tenemos que traerla debajo con el menor sufrimiento posible para nuestra tierra y nuestra gente. No sé cómo puede hacerse, y me inclino a pensar que nadie lo sabe. No puedes confiadamente traer algo abajo si no supiste qué hacías cuando lo elevaste.

WB)




(…)

No hay ninguna buena razón, económica o de otro tipo, para desear la “recuperación” y continuación de la economía que hemos tenido. No hay ningún razón, realmente, para esperar que se recupere y continue, pues ha dependido demasiado de la fantasía. Una economía no puede crecer para siempre con recursos limitados. La energía y el alimento no pueden permanecer baratos para siempre. No podemos continuar para siempre como gente que depende de los impuestos y no quiere pagar impuestos. El engaño y el futuro no pueden ser garantías colaterales para siempre. Una economía no confiable que depende de la confianza no puede defraudar la confianza de la gente para siempre. Los viejos motivos han sido eliminados. Los días en los que podíamos ser locos con seguridad han desaparecido. Nuestra economía en el aire se ha transformado en una caída mortal, y nos disponemos a traerla debajo, El problema es que todos estamos bajo ella, y así tenemos que traerla debajo con el menor sufrimiento posible para nuestra tierra y nuestra gente. No sé cómo puede hacerse, y me inclino a pensar que nadie lo sabe. No puedes confiadamente traer algo abajo si no supiste qué hacías cuando lo elevaste.

Sé que la economía humana como un todo depende, como siempre, de la naturaleza y de la economía de la tierra. La economía del uso de la tierra es nuestro vínculo con la naturaleza. Aunque el fracaso económico no ha llamado todavía la atención sobre la economía de la tierra y sus problemas, esos problemas deberán ser resueltos correctamente si queremos resolver correctamente los restantes problemas económicos. Antes de que podamos resolver de verdad los problemas del crédito y el gasto, debemos comenzar por tratar nuestra tierra con el amor práctico y efectivo que merece el nombre de patriotismo. De ahora en adelante, si queremos continuar aquí, nuestro uso de la tierra debería ser guiado por los principios de cuidado y prudencia, usando como medida indispensable, no el beneficio monetario o la eficiencia industrial o el éxito profesional, sino la salud ecológica. Y así me aventuro a proponer la siguiente agenda de cambios que constituirían una nueva política agrícola a largo plazo:

1.      No debería haber precios garantizados o subsidios de precios sin controles de producción. Ello es debido a que el exceso de producción es un arma económica, que permite a las corporaciones reducir la renta de los agricultores e incrementar la suya propia.

2.      Volver a la paridad total (100 por cien) entre la agricultura y la industria. Paridad de precios justos para los productos agrícolas haría las propuestas de pagos por servicios “ecológicos” innecesarias, y resolvería también otros problemas.

3.      Aplicar las leyes anti-trust y antimonopolio. No dejar que la cualquier corporación sea lo bastante grande, rica o poderosa para tener a la nación como rehén. Ello aplica con fuerza excepcional a la industria agraria y a las corporaciones alimentarias.

4.      Ayudar a los jóvenes agricultores a adquirir granjas. En una economía sana tal ayuda sería innecesaria, pero el abandono de la gente joven del mundo rural es ahora una crisis agrícola de la mayor urgencia. Y no tenemos bastante gente joven criada en las granjas. Otros deben ser traídos. Aquí hay algunas medidas que deberíamos considerar. Deberíamos establecer límites adecuados y razonables de la extensión de las explotaciones, según la región, para las granjas y explotaciones de escala familiar. Los impuestos deberían ser exigentes por encima de dichos límites. Las propiedades entro de los límites deberían gravarse a su valor de explotación. Debería haber impuestos sobre sucesiones sobre las propiedades por encima de los límites; y ninguno sobre las pequeñas explotaciones. Préstamos sin interés deberían concederse a los agricultores y ganaderos jóvenes que compren explotaciones dentro de los límites. (Estas sugerencias plantean un montón de problemas, y dudo al hacerlas). Los límites de las explotaciones son muy difíciles de establecer, como aprendimos de las leyes sobre exenciones “homestead”. Algunas de estas medidas serían innecesarias si los precios de la tierra no estuvieran inflados por encima del valor de explotación agrícola y si los precios de los productos agrícolas no estuvieran deflactados por debajo de su coste económico y ecológico actuales.

5.      Poner fecha de caducidad a los productos químicos tóxicos, que son inconsistentes con los principios de una buena agricultura, y que están contaminando ríos y mares.

6.      Poner fecha de caducidad a los biofuels. Debemos establecer una estricta distinción entre fuego y comida, conducción y alimentación. No podemos “alimentar a los hambrientos” y a los vehículos con la misma tierra, usando para siempre las mismas tecnologías y métodos que destruyen la tierra.

7.      Introducir los cultivos perennes- para pasto, forraje invernal y cultivos de grano- en sustitución de los cultivos anuales que requieren el uso anual de la tierra o aplicaciones anuales de productos químicos “no-till”. Ello produciría una reducción sustancial de la erosión del suelo y la toxicidad.

8.      Introducir y aplicar estándares altos de calidad del agua.

9.      Los estándares de calidad del agua aplicados y el programa para sustituir cultivos anuales con perennes tendería a la eliminación de las factorías animales. Seamos claro sobre ello. Deberíamos eliminar las factorías animales, esas abominaciones, tan rápido como podamos. Tener los animales de granja incluidos los cerdos y gallinas, de nuevo sobre el terreno. Poner los animales allí donde pertenecen, y su abono también donde pertenece.

10.  La producción animal debería regresar a la escala local y de otras comunidades. Eliminar los subsidios, incentivos y legislación favorable la gigantismo en la producción lechera, de carne y huevos.

11.  Promover el desarrollo de economías locales alimentarias, que tienen mucho más sentido agrario y económico que la actual especializada, concentrada y alejada economía de la alimentación. Las economías locales de alimentación son también deseables desde el punto de vista de la salud pública, la seguridad nacional y la economía de energía. Proporcionar incentivos económicos y legislación de apoyo para el establecimiento de plantas de procesamiento de alimentos a escala local, de enlatado, de mercados anuales agrarios, etc.

12.  Las economías locales alimentarias, para ser verdaderas, requieren la adaptación local de especies de variedades de animales y plantas. El requisito evolutivo universal de adaptación local ha sido eliminado sin explicación respecto de los humanos. Esta eliminación es potencialmente desastrosa. Necesitamos prácticas agrarias que estén adaptadas al mosaico ecológico e incluso a las explotaciones y granjas individuales. En favor de la adaptación local, y de la diversidad genética que requiere, deberíamos poner fin al Sistema de Identificación Animal del Departamento de Agrilcultura de los Estados Unidos, a las patentes de especies, y a la ingeniería genética- todas las cuales tienen como objetivo la uniformidad agrícola y al control corporativo de la agricultura y la comida. La planificación central y su inevitable objetivo de uniformidad no pueden funcionar en la agricultura debido al requisito de adaptación local y la consecuencia de inteligencia también local. La planificación central y la uniformidad solo son efectivas par la reducción de la diversidad genética y biológica y la destrucción de pequeños productores.

13.  Ayudar y estimular la producción forestal a pequeña escala y los pequeños propietarios de bosques. Procurar que los precios de mercado para troncos y otros productos forestales estén disponibles en cualquier parte. Gravar justamente.

14.  Estudiar y enseñar las producción forestal sostenible, usando ejemplos como el Menominee Forest en Wisconsin y el Pioneer Forest en Missouri.

15.  Promover el buen uso y cuidados de los bosques agrarios como activos indispensables para la economía de las explotaciones.

16.  Promover el desarrollo, en regiones con bosques, de economías locales del bosque, proporcionando incentivos para el procesamiento local y la adición de valor, así como para alimentación.

¿Incrementarían tales medidas significativamente el número de gente trabajando en la economía de la tierra? Desde luego que lo harían. Ellas serían una versión auténtica, con cambio, de “creación de empleo”. Este trabajo ayudaría a nuestra economía, nuestra gente y nuestro país a la vez. Y este es el auténtico test de practicabilidad, porque tiene completamente sentido económico.

WB (pages 445-449);traducción Guillermo Ruiz)