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Thursday, April 09, 2020

MEMORIA RESPIRATORIA (VI) (ERNST JÜNGER, VENGANZA TARDÍA)



Ilustración de Stephane Poulin: I am a dreamer (utilizada como cubierta del libro "Venganza tardía, Tres caminos a la escuela", de Ernst Jünger.Tusquets Editores. Barcelona 2009. Traducción de Enrique Ocaña)



29 de marzo de 2020: 125 aniversario del nacimiento de Ernst Jünger, autor de "Der Waldgang" (La emboscadura, 1951)

Jünger menciona la orden dictada personalmente por Goebbels -a todos los medios de comunicación alemanes-, prohibiendo que hiciesen mención de su quincuagésimo cumpleaños el 29 de marzo de 1945, como la única “distinción” a la que él otorgaba valor

75 aniversario de la orden y del 50 cumpleaños

(…) la cuestión es siempre que hacemos con la salud. Es un talento que nos ha sido entregado, como en la parábola evangélica para que negociemos con él. Por lo demás, lo único importante en la salud es lo que en ella es símbolo, parábola. En ella ha de haber una pizca de aquella otra salud que nos ayuda a vencer la última enfermedad. Esa otra salud es la que se refleja en el rostro de los convalecientes y también de los moribundos.

Ernst Jünger (24 de enero de 1947)

El milagro es la sustancia de la que se alimenta la vida.

(Ernst Jünger, Radiaciones, 5 de mayo de 1943)

“La de Thoreau es seguramente una de las más genuinas defensas de la libertad individual”

(Ernst Jünger, Los titanes verdaderos. Península 1998, página 73)

(Aquí 10/04/2010)

Su diario es literatura nueva, de la cual puede decirse, hablando en términos muy generales, que su nota específica está en que el espíritu se aparta del objeto, en que el autor se separa del mundo. Esto conduce a una multitud de descubrimientos. De tal mundo forman parte la observación cada vez más cuidadosa, la consciencia fuerte, la soledad y, por fin también el dolor.
 (...)
 Antes al contrario, el carácter de diario se convierte en un carácter específico de la literatura. Una de las razones de esto es también, aparte de otras muchas, la antes mencionada de la velocidad. La percepción, la multiplicidad de los tonos puede acrecentarse hasta el punto de constituir una amenaza para la forma; esto es algo que nuestra pintura ha sabido plasmar con mucha fidelidad. Frente a esto, en la literatura es el diario el mejor medio. Y además es el único diálogo posible que subsiste en el Estado total.

(Ernst Jünger, Prólogo a Radiaciones I)

La escuela sigue pesando sobre mí con mucha más intensidad que el ejército
(Pasados los setenta II)

“Retuvo aquellas palabras literalmente, sin entenderlas, pero fueron madurando en su memoria. He aquí una peculiaridad de su talento: en su conciencia podían sembrarse palabras como semillas que tardan años o décadas en germinar.

-Señor comandante-oyó decir Wolfram al doctor-. No hay por qué temer un brote epiléptico; aunque el caso de su hijo presente algunas similitudes con la epilepsia, podemos descartarla. Se trata más bien de ausencias en estado puro, sin duda extraordinariamente intensas. Sospecho que guardan relación con un desarrollo intelectual de una intensidad igualmente extraordinaria. En este sentido podría interpretarse incluso como un indicio favorable, si bien debemos actuar con cautela. Sea como fuere, señor comandante, puedo tranquilizarle al respecto, aunque sin garantías absolutas: nos las vemos con una crisis transitoria que, ojalá sea así, encontrará una conclusión favorable.

Y Wolfram oyó responder a su padre:

-Señor doctor, no sé cómo agradecérselo. Nos habíamos temido algo más grave; sin embargo, no bajaremos la guardia. Solo me preocupa mi traslado, esta vez a China, al batallón de marina. Wolfram se mudará a casa de sus abuelos, donde no me cabe duda de que estará en buenas manos, sobre todo si usted sigue prestándonos su apoyo y sus consejos. No debemos perder la esperanza, aunque naturalmente no podemos estar detrás de él cada vez que suba las escaleras”
(…)
Pero entonces, como si se hubiera roto un dique, algo inaudito fluyó en él con la fuerza de un torrente. Se puso de pie y dijo (antes de que otros presentaran sus acusaciones):

-Señor profesor, ¿tiene uno al menos el derecho a defenderse?

Y cuando Corax le miró como a un monstruo marino, continuó:

-¿Debo defenderme como Cicerón o como Sócrates?-Y sin esperar la respuesta añadió-: Comenzaré con Cicerón, por lo tanto jurídicamente, y he de lamentar que al entrar en esta clase no fuera informado sobre qué debía hacer o dejar de hacer aquí. Así se me escapó que Werner (el hijo del fabricante) pertenecía, por decirlo de alguna manera, a una especie natural protegida. Por otra parte, yo considera antipedagógica su protección: cuando se tiene un padre tan rico, conviene rodearse de masajistas y maestros de esgrima. Incluso el puñetazo que le he propinado en las costillas le vendrá bien.

Y ahora le toca el turno a los otros: confieso que los he zurrado sin motivo alguno, y no me queda más remedio que disculparme.

Mientras esa fuerza inaudita fluía en su interior, Wolfram había ido avanzando poco a poco y se había vuelto hacia la clase; entonces se subió al pupitre. Corax hizo un ademán con el brazo como si quisiera impedirlo, pero fue en vano. Wolfram prosiguió:

-Ahora en mi defensa apelo a Sócrates, y por una buena razón. Sócrates se cuenta entre mis visitantes nocturnos, aunque él no pretenda socratizarme. Nada más ajeno a su naturaleza.

-Al oír esto, el doctor Corax alzó la mano con un gesto de desagrado, como si no lo entendiera o no quisiera entenderlo.

“Sócrates llega y se sienta a mi lado. Me pregunta: “¿Qué estás leyendo?. Esto ya me resulta desagradable. Mi abuelo también insiste en esta e suplementaria. Y además me obliga a trazarla con una cerda.

Yo le respondo: “Leo a Karl May”. Sócrates dice: “Eso es excelente; cada pueblo tiene a su Heracles. Con el tiempo, cae en decadencia; antaño era Siegfried, hoy es Old Shatterhand. Pero siempre hay alguno esperando su turno”

Así es como converso con Sócrates. Pero eso no quiere decir que nuestro tutor no le caiga bien. Sólo que lo considera una nulidad como pedagogo.

En la clase reinaba el silencio; Corax ni siquiera se había movido. Wolfram recogió sus libros y salió para siempre. Su padre le mandó a Arosa, porque para colmo, había cogido una pulmonía. Se desconoce su posterior destino”

(Venganza tardía. Späte Rache.)


Extraño sueño hoy: todos tus exámenes estaban por fin aprobados



Wednesday, April 01, 2020

MEMORIA RESPIRATORIA (I)(SÁNDOR MÁRAI)



Sándor Márai se quitó la vida en San Diego (California) el 22 de febrero de 1989, a los 89 años.

Sobre el período transcurrido entre el Anschluss (1938) y su salida de Hungría (1948) escribió:

            “En esos diez años desapareció también toda una forma de vida y toda una cultura”

Todos los “realistas” seguidores de Huguenau consideran que, como cualquier “literato”, Márai no tuvo entonces (en vida) ni tiene ahora nada que decir. Pero los “realistas” son seguidores de un personaje de “ficción” (Huguenau), y no a la inversa. Los únicos que no tienen nunca nada que decir son los “realistas” que consideran superfluas a las personas y a su literatura .A pesar de lo que ellos quieren creer cuando imparten dosis inagotables de realismo vacío.

Márai sabía lo que tenía que decir (“Hallgatni Akartam”) porque lo aprendió pagando el precio de su vida. Y lo escribió con minucioso detalle.

Por eso hoy, cuando el líder húngaro Orbán- que eligió con sus votos a la actual presidenta de la Comisión Europea Von der Leyen- ha obtenido poderes de emergencia que le eximen en su país de control parlamentario, es Márai –y no nosotros-quien recuerda –contra todos los Huguenau- lo ya escrito por él sobre la historia de su país y de Europa y, en especial, sobre la declaración de guerra realizada por el primer ministro húngaro Lászlo Bárdossy el 26 de junio de 1941:

“El 23 de junio de 1941, dos días antes de que Budapest y el país emprendieran su camino hacia la perdición, Mólotov mandó llamar al embajador húngaro en Moscú. Mólotov le habló de forma amistosa y muy serio. En un tono cordial que los portavoces de una gran potencia no suelen emplear con representantes de naciones pequeñas, expuso sus preocupaciones y consideraciones. Dijo que según las últimas noticias, Alemania iba a atacar a la Unión Soviética en las horas siguientes (…) Ahora que Alemania se disponía a atacar a la Unión Soviética, él, Mólotov, solicitaba al embajador húngaro que advirtiera a su gobierno de que a Hungría le convenía permanecer neutral, porque el Gobierno soviético no tenía reivindicación alguna que afectará a Hungría.

Kristóffy contestó que, si bien la presión alemana amenazaba con precipitar una ruptura de las relaciones entre ambos países, él confiaba en la neutralidad de Hungría.

(…)
Se enviaron los telegramas, el embajador húngaro comunicó al Gobierno la advertencia de Mólotov y recomendó la neutralidad.

Dos días después, Hungría declaró la guerra a la Unión Soviética. Cuando Kristóffy, su familia y los miembros de la embajada lograron a duras penas volver a Hungría, el embajador se presentó ante Bárdossy, que lo recibió turbado y locuaz (…) el embajador le lanzó sin rodeos la pregunta: “ László, ¿has recibido mis telegramas” Bardossy contestó sin inmutarse: “No”. (…) Tras la entrevista, el embajador fue directamente al departamento de criptografía –aunque el protocolo no lo autorizaba a hacerlo-y comprobó que todos los cables con la advertencia de Mólotov mandados por la línea de Ankara habían llegado a tiempo. Bárdossy le había mentido. Entonces los acontecimientos se sucedieron con rapidez y una vez más con “lógica”.
(…)
Para entonces Bárdossy ya no era primer ministro, la tempestad política desatada por la extrema derecha había barrido al gobernante “burgués” y “distinguido”.
(…)
Como ese “no podía actuar de otro modo” se confundía con el destino de toda la nación, vale la pena examinar el acto de Bárdossy desde el punto de vista de qué habría sucedido si esa trágica mañana de junio el primer ministro y el regente se hubieran negado a la petición de los alemanes y no hubieran declarado la guerra a la Unión Soviética.
(…)
De todos modos en ese caso quedaría un excedente moral en la balanza del pueblo húngaro: el no haber participado en la guerra por voluntad constitucional, sino obedeciendo a la extorsión alemana. En realidad, sin embargo, ese excedente moral no habría cambiado el destino de Hungría: en virtud de los acuerdos de Yalta y Teherán, tras su victoria (…) los comisarios políticos enviados por la Unión Soviética habrían convertido Hungría en un país satélite.
(…)
Al enterarme de ello por boca de un testigo presencial, recordé aquel día, en el restaurante de Buda, cuando la gente celebraba la declaración de guerra brindando con champán; mi amigo del ministerio me había contado que poco antes el departamento de prensa de la presidencia del Gobierno había dado a los periódicos la orden confidencial de que se solo publicaran fotos que mostraran al primer ministro de perfil”.

(Sándor Márai: Lo que no quise decir. Ediciones Salamandra 2016, traducción Mária Sziij y J.M. González Trevejo)

Como Márai (“acabábamos de despertar de un sueño”) cita en su memoria a Churchill (“los hechos valen más que los sueños”), se puede perdonar otra cita del escritor británico que en realidad afirma que nunca podemos saber si cambiamos o no el destino, y que eso solo creen saberlo todos los Huguenau que han renunciado de antemano a hacerlo:

“Courage is rightly esteemed the first of human qualities, because it is the quality which guarantees all others” (Primera vez aquí el 29 de enero de 2017)