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Wednesday, August 19, 2026

SOBRE EL OFICIO DEL ESCRITOR Y LA HISTORIA DE ESPAÑA (SALAMANCA Y CELA)

 

"La humildad, cierto es, pierde su propia sustancia, su esencia más fragante, al conocerla; pero no tiene nombre y vaga por los espacios huérfanos, al ignorarla.

(...) 

Y el oficiante (...) se guarda bajo siete llaves su dolor y su misterio, y sonríe con la sonrisa humilde del mártir que duda de la fecundidad de su martirologio.

Quizás nada más bello puede haber que el dar la razón al que la tiene. Por ser una la razón no es patrimonio de nadie, como el color del cielo, o mirando las cosas desde el otro lado, es patrimonio de todos, igual que el agua fresca de la fuente.

(...)

De muy poco vale, quizá de nada, incluso, creerse dueño de la razón o propietario de la verdad, cuando la razón, en una finta, en un esguince airoso, con un gracioso y desorientador mohín, nos enseña a cada instante, una verdad tan nueva como ignorada, tan delicada y bella como incierta y misteriosa.

Ha de acumularse mucho dolor (...) para que la sonrisa vuelva a cobrar la honestidad que perdió (....).

Y habrá de hacerse con sencilla humildad, como el caballero que entrega de rodillas al romero leproso que quiere lavar su lepra en el último monasterio de todos los confines,  para que no se rompa ese último y delgado hilo por el que la razón, todavía y como por elegante caridad, nos nutre."

CJC 

( La Vanguardia, 4 junio 1950)

"Una interpretación no puramente anecdótica de la figura de Salamanca- el hombre que tuvo la obsesión de hacer, como Godoy tuvo la de mandar y don Amadeo no tuvo la de reinar- echaría mucha luz sobre ese tiempo oscuro y arrebatador en el que todo se empezó y nada, que no fueran las propias vidas, se llegó a consumar.

(...) 

Es curioso observar que la historia de España- que es una historia a saltos, con hallazgos insospechados y simas de un negror inexplicable- ha sido escrita por gentes que prefirieron siempre, ante las proporciones de la empresa, obrar a pensar, tirar para adelante: olvidándose, con un olímpico desprecio, organizar la retaguardia. Diríase que el hacer por el puro deleite de hacer-el hacer porque sí, sin más ni más- fuera una de las determinantes de lo español: como el amor, no a algo ni a alguien, sino al amor mismo, o el morir, no por nada ni por nadie, sino, precisamente, por morir.

(...)

César González-Ruano, que conoce a fondo la silueta romántica de Salamanca, sabe hasta qué punto aquel loco genial intuyó hace un siglo lo que hoy ya todos entendemos: el secreto de saber que la única forma de perpetuarse es saber arder"

CJC 

Arriba (16 noviembre 1948) 

 


 

 

 

 

 

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