NUBES, NIEBLA, NIEVE : "UN DÍA FUISTE ESTRELLA" (19/10/2023): (Sierra Cebollera, 25-12-2017) (Alguien te visitó en tu sueño tocando flores arracimadas, entre la nieve que esparcía la vida y diciend...
(Sierra Cebollera, 25-12-2017)
(Alguien te visitó en tu sueño
tocando flores arracimadas,
entre la nieve que esparcía la vida
y diciendo tu nombre)
(Praia de Naval)
Flor de putrefacción, oh flor de santidad.
Todos los muertos son santos
...
y los huesos son flautas
y otra música, otra
...
¡Aurora de campanas
en el ponerse en pie sobre otra tierra!"
(José Luis Rey, El dorado)
Una tarde sentada en el atrio de San Clodio a la sombra de los viejos cipreses, Adega hilaba en su rueca, copo tras copo, el lino del último espadar. En torno suyo pacían y escarbaban las ovejas, y el mastín echado a sus pies, se adormecía bajo el tibio halago del sol poniente que empezaba a dorar las cumbres de los montes. Avizorado de pronto espeluznó las mutiladas orejas, incorpórose y ladró. Adega, sujetándole del cuello, miró hacia el camino [96] en confusa espera de una ideal ventura: Miró y las violetas de sus ojos sonrieron, y aquella sonrisa de inocente arrobo tembló en sus labios y como óleo santo derramóse por su faz. El peregrino subía hacia el atrio: La morena calabaza oscilaba al extremo de su bordón y las conchas de su esclavina tenían el resplandor piadoso de antiguas oraciones. Subía despacio y con fatiga: Al andar, la guedeja penitente oscurecíale el rostro, y las cruces y las medallas de los rosarios que llevaba al cuello, sonaban como un pregón misionero. La pastora llegó corriendo y se arrodilló para besarle las manos. Quedándose hinojada sobre la yerba, murmuró:
-¡Alabado sea Dios!... ¡Cómo viene de los tojos y las zarzas!... ¡Alabado sea Dios!... ¡Cuántos trabajos pasa por los caminos!...
[97] El mendicante inclinó la cabeza asoleada y polvorienta:
-En esta tierra no hay caridad... Los canes y los rapaces me persiguen a lo largo de los senderos. Los hombres y las mujeres asoman tras de las cercas y de los valladares para decirme denuestos. ¿Podré tan siquiera descansar a la sombra de estos árboles? ¿Y tú, querrás concederme esta noche hospedaje en el establo?
-¡Ay, señor, fuera el palacio de un rey!
El alma de la pastora sumergíase en la fuente de la gracia, tibia como la leche de las ovejas, dulce como la miel de las colmenas, fragante como el heno de los establos. Sobre su frente batía como una paloma de blancas alas, la oración ardiente de la vieja Cristiandad, cuando los peregrinos iban en los amaneceres [98] cantando por los senderos florecidos de la montaña. El mendicante, con la diestra tendida hacia el caserío, ululó rencoroso y profético:
-¡Ay de esta tierra!... ¡Ay de esta gente que no tiene caridad!
Cobró aliento en largo suspiro, y apoyada la frente en el bordón, otra vez clamó:
-¡Ay de esta gente!... ¡Dios la castigará!
Adega juntó las manos candorosa y humilde:
-Ya los castiga, señor. Mire cómo secan los castañares... Mire cómo perecen las vides... ¡Esas plagas vienen de muy alto!
-Otras peores tienen de venir. Se morirán los rebaños sin quedar una triste oveja, y su carne se volverá ponzoña... ¡Tanta ponzoña, que habrá para envenenar siete reinos!...
[99] -¿Y no se arrepentirán?
-No se arrepentirán. Son muchos los hijos del pecado. La mujer yace con el rey de los infiernos, con el Gran Satanás, que toma la apariencia de un galán muy cumplido. ¡No se arrepentirán! ¡No se arrepentirán!
El peregrino descubrióse la cabeza, echó el sombrero encima de la yerba y se acercó a la fuente del atrio con ánimo de apagar la sed. Adega le detuvo tímidamente:
-Escuche, señor... ¿No quiere que le ordeñe una oveja? Repare aquella de los dos corderos qué ricas ubres tiene. ¡La leche que da es tal como manteca!
El peregrino se detuvo y miró con avaricia al rebaño que se apretaba sobre una mancha de césped, en medio del atrio:
-¿Cual dices, rapaza?
[100] -Aquella blanca del cordero virriato.
-¿Y podrás ordeñarla?
-¡Asús, señor!
Y la pastora, al mismo tiempo que se acercaba a la oveja, iba llamándola amorosamente:
-¡Hurtada!... ¡Ven, Hurtada!...
La oveja acudió dando balidos, y Adega, para sujetarla, enredóle una mano al vellón.
(En su redacción empleó el autor diez años y en sus propias palabras "esta es la única vez que estoy un poco satisfecho de mi obra")
(MANUEL DO MAZADEIRO, PENELAS,O INCIO, OURENSE;
FOTOGRAFÍA DE IAIN COLQUHOUN)
Primero vienen los animales, sólo después los pastores y, por último, al final de todo, los grandes sabios. Lo divino, aunque sorprenda nace en nosotros junto al animal (…)
Sin entrar en la propia cueva y sin acompañar la respiración de los animales, no hay nada que hacer.
Pablo d’Ors (Biografía de la luz, pág, 41)








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